El otro lado del sexo

Ricos empresarios de todo el mundo acudían a este lugar y pagaban para tener relaciones sadomasoquistas con señoras. Algunas fotografías aterradoras ilustraban la publicación. Recorté las cuatro hojas de la revista y las guardé en el bolsillo, un poco avergonzada. Sin dudarlo, decidí incluso arrancar el índice de la revista temiendo que mi madre pudiera descubrirlo. He conservado el reportaje durante todos estos años porque me llamó mucho la atención.

No podía imaginar que mi curiosidad me iba a llevar un día a descubrir en primera persona los misterios que escondía ese morboso lugar.

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Después de publicar mi primer libro Diario de una ninfómana empecé a colaborar con algunos medios de comunicación. Recuerque hablé varias veces del SM, aunque no lo había practicado de manera consciente. Mis experiencias en este terreno se limitaban. De hecho, la gente del mundillo predica este lema. Tengo recopilados unos cuantos artículos al respecto. Recuerdo que una periodista del diario El Mundo se explayó, no sin cierta ironía, con una frase mía que levantó polémica: Suena escandaloso. Pero no lo es.


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El SM juego, sellado por un pacto en el que nada se hace en contra de la voluntad de los participantes. Ya sabemos que muchas mujeres practican sexo, aunque no les apetezca, para quedar bien, porque toca. Sin darme cuenta, me estaba adentrando en este mundo y empecé a conocer a gente experta en el sadomaso. Así conocí a Lady Monique de Ne. Mi primer encuentro con Lady Monique tuvo lugar durante una fiesta fetichista en un conocido local SM de Barcelona, cuyo acceso estaba restringido a las personas del mundillo.

Era viernes por la noche y no sé si fueron los nervios o un virus repentino e inoportuno, pero unas horas antes de acudir a mi cita con Monique, empecé a sentirme muy mal y a vomitar. Me arrastré del dormitorio al baño, con fiebre y unos retortijones insoportables. A pesar de mi estado, tenía muchas ganas de ir, así que vacié media caja de Buscapina, me vestí de negro para estar a juego con las circunstancias y cogí un taxi.

Ya en el local, un tipo me abrió la puerta con aire suspicaz.

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Monique llevaba una minifalda de cuadros escoceses, camisa blanca con corbata y unas botas de montar de tacón infinito. Parecía una colegiala y, aunque era dulce conmigo, el tono de su voz recordaba a todos que la que mandaba era ella. Me presentó al dueño del local, que seguía con cara de pocos amigos, y subí con ella por unas escaleras que llevaban a un pequeño salón situado en el primer piso.

Al dueño no le hacía gracia mi visita. Pero Monique me respaldaba. Y nadie se atrevió a hacer comentarios. En un rincón del salón apareció un hombre pequeño. Es francés, así que podéis hablar en vuestro idioma. Paul se acercó y me dio la mano. Para no hacer el ridículo, intercambié unas palabras con él en francés.

A lo largo de la noche, opté por no hacer demasiadas preguntas y, cuando formulaba una, era porque la había pensado varias veces. No quería ofender. Lo sorprendente fue que conseguí mitigar el dolor de estómago que me había tenido en cama unas horas antes. Supongo que temía que los ruidos inoportunos de los retortijones llamaran la atención de los presentes.

Creo que se notó que yo no había entendido muy bien su.

Por lo tanto soy ciudadana del OWK. Y como tal, tengo que ir cada año en mayo o junio para la celebración de la creación. Y para demostrarme su devoción a la causa, me enseñó el tatuaje de la bandera del OWK que tenía grabado en el omóplato. Era el símbolo del planeta Venus.


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  4. Y, si te fijas bien, es también el de la mujer —me explicó, orgullosa de pertenecer al Reino—. Desde esa noche, seguí viendo a Monique. Me presentó a gente del mundillo e incluso me permitió asistir a alguna sesión. Reconozco que me costó un poco entablar relación con el sadomasoquismo. Al principio, sólo miraba. Monique me llamaba cuando tenía una sesión. No quería participar directamente, pero no por miedo a los esclavos.

    Estaban a mi disposición. Aunque ellos ponían los límites a través de un cuestionario que Monique les hacía rellenar antes de cada sesión, la que tenía el mando, si participaba, era yo. Sencillamente tenía miedo de infligir demasiado dolor.

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    Algunas veces, Monique me entregaba su fusta y me invitaba a usarla sobre las nalgas rechonchas del sumiso. Al principio, la usaba con moderación.

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    Pero pronto le cogí el gusto. Así tienes una idea del dolor que le vas a producir. Gracias a mi relación con Monique, empecé a conocer a mucha gente relacionada con el mundo del sadomasoquismo. La mayoría de ellos eran encantadores y muy respetuosos.

    Reseña de El otro lado del sexo

    Los sumisos y esclavos, así como los masoquistas, suelen crear un clima de confianza para poder obtener lo que les apetece sin ser rechazados. Guardo un recuerdo especial de Alex, un chico austriaco que, cuando venía a Barcelona por motivos laborales, pagaba por tener sesiones SM con Monique. Tenía una novia en Viena a la que quería muchísimo, pero que, desgraciadamente, no compartía su afición a las fustas y el cuero negro.

    Tuve enseguida buen feeling con Alex. Él me proporcionó gran parte del material que tengo: Nunca lo toqué. Creo que fue muy a su pesar. A los sumisos y esclavos, salvo los que tienen claro que pertenecen a una sola ama, les encanta probar juegos con otras. A diferencia de muchos sumisos que he conocido a través de Monique, Alex tenía muchos conflictos consigo mismo.

    Pensaba encontrar cosas peores. La verdad es que casi todos sois buena gente y vivís el tema de manera muy sana, con mucho respeto. Eso es una mierda. Al principio, me excitaba con fustazos. Después, quise probar otras cosas. Ya no sé adónde voy a parar. Me da miedo. SM es que podía llegar el momento en el que todo pareciera insípido. No estoy del todo de acuerdo con él. Teniendo conciencia de la situación y siendo lo suficientemente maduro, puedes evitar los peligros.

    De la misma forma que ante el hambre no hay que comer compulsivamente para no acabar enfermo, en el ocurre lo mismo. En nuestra sociedad, el bienestar sexual no preocupa tanto como el resto las cosas. Y esto sólo lo niegan los mentirosos reprimidos. Un día de primavera de , Monique me mencionó la posibilidad de hacer una visita al OWK.

    Llevaba un año sin ir y no quería perderse el octavo cumpleaños del Reino del Otro Mundo. No me lo pude creer. Yo sabía que, a pesar de que todos los sadomasoquistas han oído hablar del remoto castillo checo, muy pocos tienen la posibilidad de ir, y muchos menos se atreven a hacerlo al no saber lo que van a encontrarse. Me parecía todo demasiado sencillo. Eran incógnitas que me producían un poco de angustia, pero que pensé resolver improvisando sobre la marcha. Aunque la preocupación principal era mi novio. Él ya conocía los detalles de mi próximo libro.

    Sabía del viaje y lo había aceptado sin problemas, pese a manifestar su preocupación por no poder acompañarme. Pero, ante la duda, prefiero ir sola. Niels Johnel Chiguala Vergaray. Ruth Arriero. Fernando Cabal Riera. Katia Tome Garcia. Distribuciones Papiro.


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